Vivir su vida (demente)

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Esta nota fue publicada hace unos años en la revista El Amante -Cine-, cuando el redactor en cuestión no había visto todavía ni Slumdog Millonaire, 127 Horas, ni la recientemente estrenada Trance. O sea, cuando Danny Boyle todavía no era un cineasta tan consagrado por la Academia y aún permanecía como un inglés que hacía cosas algo excéntricas. Pasen y lean.

Exterminio

En Buenos Muchachos, su director Martin Scorsese, utiliza de manera insistente la voz en off del personaje principal: el mafioso Henry Hill. Es una voz en off que se usa no sólo para contar hechos que muchas veces no podrían mostrarse, sino también para remarcar con palabras eso que el espectador está viendo en imágenes. Así es como el film muestra, por ejemplo, a Henry festejando feliz entre criminales en medio de un banquete digno de reyes mientras se escucha de fondo la voz redundante de Hill diciendo “eran tiempos maravillosos”. Esta técnica del film de Scorsese es utilizada con frecuencia a lo largo de toda la filmografía de Danny Boyle. Si hay algo que en el cine de este director inglés no falta es una voz en off en la que su protagonista nos describe con palabras aquello que se está viendo claramente en el film. Sin embargo, ni en Buenos Muchachos ni en el cine de Boyle, este trazo grueso molesta. Por el contrario, esta voz termina teniendo una significación especial: se trata de una mostración del orgullo de un personaje regodeado en el mundo que vive, la voz de alguien al que muchas veces le gusta refregar al espectador en la cara su lugar de pertenencia, que utiliza sus descripciones como un grito orgulloso de identidad. Después de todo, tanto Henry Hill como el grueso de los personajes boyleanos deciden usar el tiempo que tienen de vida no para adaptarse a una sociedad ni para tener una vida común, sino para vivir una existencia finita de la manera más intensa posible.

Puede ser un personaje que quiere entregarse a la aventura de recorrer el mundo sin un hogar fijo, o un joven escocés que quiere vivir experimentando los placeres de la heroína y vivir al margen de todo buen uso y costumbre, un chico que está dispuestos a vivir como santo, un científico que quiere experimentar la sensación de tocar el sol, o una pareja de delincuentes menores que ha decidido tener, simplemente y tal como reza el título original de aquel pequeño gran film de Boyle, una vida menos ordinaria. Lo mismo da, un personaje boyleano es un marginal por elección, un inadaptado que se erige orgulloso como un ser extraño y de comportamientos que van en contra de la masa. Seres así ha creado durante prácticamente toda su carrera, y lo ha hecho como un autor capaz de imponer su estilo cualquiera sea el modo de producción e incluso sin haber sido autor de ninguno de los guiones que filmaba. Esto nunca le impidió al realizador hablar de sus marginales voluntarios y expresar incluso con estos seres su disconformidad con cualquier tipo de formación social.

Millones

Después de todo es imposible despegar la adoración de Boyle por los personajes que deciden vivir al margen de una sociedad de la mirada a veces desconfiada y a veces hasta despectiva de los que forman cualquier comunidad y se entregan a las reglas sin rebelarse. No importa lo perfecta, pacífica y liberal que quiera ser cualquier organización de gente, sea esta empresarial, militar o familiar, según Boyle, ninguna de estas sociedades podrá sostenerse si no pone como bases la hipocresía (La Playa), la violencia (los militares de Exterminio) y, sobre todo, la rutina (Una vida menos ordinaria, Trainspotting).

Boyle muchas veces parece el Renton de Trainspoiting diciendo la frase: “elige un trabajo, un futuro, una casa bonita, un pasatiempo, ¿pero quién diablos quiere elegir todo eso?”. El desprecio a los valores sociales más convencionales parece verse de manera cabal en su fallida pero simpática ópera prima Tumba al ras de la tierra, en el que un grupo de amigos jóvenes de clase media y profesionales (un periodista, una médica y un contador) encontraban una maleta llena de dinero y terminaban mostrando sus mayores miserias solamente por el deseo de llegar a ser burgueses acaudalados.

Hay una escena en este film donde el director humilla particularmente a uno de sus personajes. Se trata de un momento en el cual unos maleantes irrumpen violentamente en la casa, toman a uno de los jóvenes (un jovencísimo Ewan Mcgregor) y este, de rodillas y luego de que le dan dos golpes en la rodilla, dice a los gritos y llorando donde esta el dinero sin mostrar un poco de estoicismo, un poco de espíritu de lucha a quienes lo están acosando.

Este instinto de supervivencia, de alargar una vida que para el realizador no pasa más que  por un conjunto de rutinas y valores por demás superficiales es algo que para el director es motivo de desdén.

Sunshine

Véase sino: el grueso de los personajes que Boyle detesta están obsesionados con alargar la vida a cualquier costo: son los ecologistas y los militares que quieren descendencia a cualquier costo los verdaderos monstruos de Exterminio; es la civilización aburrida la que quiere mantener vivo a Renton en Transpotting; es el deseo de perpetuar una sociedad para siempre lo que convierte al personaje de Tilda Swinton en la mala de La Playa y es un hombre que se niega a morir el villano principal de Sunshine. Del lado de los héroes se encuentra siempre gente que coquetea con la muerte cuando no la toca directamente. De ahí la fascinación con la que el director filma los ojos encendidos del chico de Millones cuando sueña con convertirse en mártir, el entusiasmo con el que muestra a Cillian Murphy poniendo en riesgo su existencia  por jugar con su novia en Exterminio o fundiéndose con el sol en Sunshine, o la dedicación que se toma el autor para filmar a Renton cayendo en sobredosis mientras se escucha el lirismo triste de Its a perfect day de Lou Reed en esa apenas disimulada apología de las drogas que es Trainspotting.

Sin embargo, esta cercanía a la muerte está en las antípodas de un deseo suicida. Es decir, no es que el personaje boyleano quiera acabar voluntariamente con su vida. Muy por el contrario, ama vivir y experimentarlo al máximo. El tema es que sabe, al mismo tiempo, que las acciones más intensas que puede experimentar el hombre son usualmente aquellas que lo acercan a la muerte o lo llevan directamente a ella. O sea, no se puede vivir el éxtasis religioso cristiano sin olvidarse del martirio, no se puede experimentar con la heroína sin correr el riesgo de caer en la sobredosis y no se puede vivir en la adrenalina de la delincuencia y no esperar que alguien nos pueda alguna vez meter un tiro. Podría decirse que Boyle parte de una idea trillada y propia de una publicidad o un curso de autoayuda como “disfruta la vida”, pero muestra que en orden de hacer esto con seriedad y verdadera dedicación hay que renunciar a toda rutina impuesta por la sociedad, a veces a toda ley y a veces incluso y paradójicamente a la propia existencia.

Tanto amor por personajes intensos y arriesgados no podría tener en su cine otro tratamiento formal que una puesta en escena que intente transmitir esa misma vertiginosidad y ese mismo riesgo. Así es como el cine de Boyle es rico en movimientos de cámaras extravagantes, posiciones de cámara extraños y un montaje veloz que muchas veces amaga con convertirse (y a veces, hay que decirlo, lo hace) en peligrosos momentos de estética videoclipera o publicitaria. Muchas veces el resultado le es más que favorable a Boyle al punto tal que no existe todavía en el cine de este inglés una o varias escenas de alguna película suya que no exude originalidad visual  y una fuerza cinemática poco frecuente (aclaro, igualmente, que quien escribe esta nota no ha visto aún Slumdog Millonaire). Aunque también es cierto que al director siempre le ha costado mantener una intensidad más o menos homogénea durante todo el metraje de un film.

Así es como, si hay algo que reprocharle al cine de Boyle es que aún en sus mejores películas se combinan escenas extraordinarias con otras menos interesantes en las que las ideas visuales se vuelven perezosas, o en las que la narración se vuelve algo monótona, o el riesgo visual termina dando como resultado alguna que otra desacertada elección estética.

De todas maneras, sería injusto despreciar a Boyle por estas falencias. En primer lugar porque esta irregularidad que, por ahora, pareciera un pequeño obstáculo, no le ha impedido hacer una obra maestra imperfecta como Sunshine, en las que ciertos errores en el principio del film pueden ser disculpados teniendo en cuenta los enormes aciertos de su último tramo. Pero en segundo lugar también porque este espíritu ambicioso y arriesgado ha creado un cine euforizante, generoso como pocos que se hacen hoy en día. Cine inglés apasionado que sirve para refutar esta idea popular de que los ingleses son fríos y aquel pensamiento godardiano de que cine inglés es una contradicción de términos. Es decir, un cine que sirve para sacar prejuicios xenófobos y para poder cuestionar a Godard. Alguien que logra hacer es digno de respeto.

Comments (2)

Me encantó este artículo, he visto, creo casi todo el cine de DB y hasta ‘Tumbas al ras..’ me encanto. Nunca aún entendía porque Slumdog Millonaire la detesté. Iban 20 minutos y ya quería irme del cine !!!!, hay algo que no entendí ???, salvo el final cantando y bailando muy de cine de la India que me resultó fresco, diferente adecuado, festivo, genial, el resto era una obviedad y una repetición del cuento una y otra vez, al 2do obstáculo o que tuvo que padecer el protagonista ya sabía que venía esas largas y aburridas corridas y como terminaba y encima a santo de qué??, no se…
pero es un film que detesté y me encantaría saber tu opinión al respecto, gracias, saludos

A mí Slumdog (contrario a muchísima gente que conozco) no me desagradó, como tampoco lo hizo 127 horas (En Trance no tuve la oportunidad de verla pero me hablaron pestes). Me pareció un cuento de hadas (y como tal si, predecible en su estructura) y su forma “cool” de filmar la pobreza me pareció simplemente ponerse en la mente de un personaje que vive su entorno como una novela de aventuras. O sea, no me desagradó particularmente y en su momento la defendí mucho. Aunque tendría que verla de nuevo (cosa que no creo que vuelva a hacer). Boyle me causaba mucha más curiosidad igual antes de esa película sobre todo por Millones, Vidas sin reglas y Sunshine que hoy todavía me parecen escelentes aún en sus imperfecciones.

Saludos.

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